NUESTRA HISTORIA EN SANTIAGO

Por iniciativa del Espíritu Santo,  el Orden de Vírgenes surge también en Santiago, el 16 de julio de 1994 cuando el Arzobispo Carlos Oviedo Cavada decide consagrar a Bernardita Peña Hurtado, estudiante de Teología de la PUC, de 29 años. La acompañan cinco vírgenes consagradas. Natalie Lacroix, quien fuera referente de Bernardita para consagrarse (Bélgica), se conocieron cinco años antes cuando Natalie vino a hacer un curso de Teología de la Liberación en la PUC y  las otras cuatro vírgenes consagradas de Argentina.  La consagró el Obispo Auxiliar Cristian Caro, a solicitud del arzobispo, porque él es quien acompañó el proceso de Bernardita los años anteriores. Después de cinco años de consagración, Bernardita, solicitó la dispensa eclesiástica.

Con mucha alegría, Monseñor Cristián Caro, comparte su experiencia del nacimiento Ordo en Santiago,  y escribe para nosotras estas palabras:


"NOTAS SOBRE EL ORDO DE LAS VIRGENES CONSAGRADAS EN CHILE"

Siendo Arzobispo de Santiago, Mons. Carlos Oviedo Cavada, O.de M., y yo, su Obispo Auxiliar, me correspondió – por petición suya- presidir, en la parroquia Nuestra Señora del Carmen de Ñuñoa,  la Santa Misa y el rito de consagración de vírgenes, en que Bernardita del Pilar Peña Hurtado se convirtió –según los datos de que dispongo – en la primera virgen consagrada de Chile, el 16 de julio de 1994. Yo había acompañado espiritualmente a Bernardita durante varios años en su discernimiento, y por eso Mons. Oviedo me pidió que yo realizara el rito de consagración, en presencia de su familia, otras vírgenes consagradas de Argentina y Bélgica, amigos de la Renovación Carismática Católica, y fieles en general.

Ella había presentado a Mons. Carlos Oviedo Cavada, Arzobispo de Santiago,  su solicitud de admisión al Orden de las vírgenes consagradas, a tenor del Código de Derecho Canónico, c. 604, el 23 de septiembre de 1992. Mons. Oviedo apoyó desde el comienzo la formación de este Ordo, a través mío y del Vicario para la Vida consagrada. Bernardita Peña partió, poco después de su consagración, a Roma a estudiar un magister y estando allá, después de un discernimiento, decidió pedir la dispensa de la consagración en 1999, en tiempos de Mons. Francisco Javier Errázuriz Ossa, ISPSch., Arzobispo de Santiago.

Después, vinieron otras vírgenes consagradas, entre ellas  Nancy Velásquez Andrade, laica que trabajaba en Pastoral carcelaria, y  que por indicación mía se contactó con Bernardita Peña en 1998, siendo consagrada después el 2003, en tiempos del Cardenal Errázuriz. También recuerdo a Ligia Spotorno, Ana María Alvarez, y algunas más.
En 1998 tuve contacto con Stella Maris Wiaggio Cornejo, OVC, de Argentina, quien me envió el Boletín “Sponsa Verbi” que –con gran esfuerzo- editaban las Vírgenes Consagradas de Argentina, que habían sido muy apoyadas por el Cardenal Aramburu. Al agradecerle el envío yo le decía que “en Chile hay interesadas pero aún no crece el Ordo de las vírgenes consagradas”. Era el año  1998. Gracias a Dios, después empezó a crecer la semilla plantada.

Con motivo del Gran Jubileo del Año Santo 2000,  en marzo de ese año, se realizó  una peregrinación internacional de vírgenes consagradas a Tierra Santa. Hubo un Congreso internacional y fueron recibidas en audiencia por san Juan Pablo II.

Posteriormente, el año 2001 yo fui designado Arzobispo de Puerto Montt, y he perdido contacto aunque no totalmente, pues he sabido con alegría el crecimiento del Ordo, y cada cierto tiempo recibo noticias o saludos  agradecidos de varias de ellas o veo a Ana María Álvarez  que tiene parientes en Puerto Varas.

Junto con dar gracias a Dios por esta forma de vida consagrada, agradezco también la petición de Orielée de Jesús López ,OVC, de poner por escrito los comienzos de este Ordo en Santiago,  para la página web del Arzobispado de Santiago que el Ordo prepara”.

+Cristián Caro Cordero
Arzobispo de Puerto Montt

Abril, 2015


Y comienza a germinar la semilla, cuando por diversos caminos, mujeres que nunca se habían visto antes, llegan a entrevistarse con Monseñor Caro, porque ya conocían que en  la Iglesia de Santiago había una primera consagrada en esta forma de vida;  “ser consagrada como esposa de Cristo”.  Toda para Cristo.

Varias mujeres  van buscando consagrar sus vidas al Señor en una forma de vida  consagrada distinta a las existentes en la ciudad. Creyeron haber encontrado en la virginidad consagrada la confirmación a su llamado. Entre ellas están Nancy Velázquez, Ligia Spotorno, Ana María Álvarez y luego se agregará Marcela Solís De Ovando y otras que luego escogieron distintos caminos.

Era la ceremonia final del Sínodo de Santiago, el secretario del arzobispo, -señala a Nancy-; “me indicó que debía hablar con el vicario episcopal para la vida consagrada, P. José Carraro, y se le solicitó a él que oyera lo que estaba pidiendo”. 

Después de escuchar, él P. José Carraro, pide un mes para buscar antecedentes y estudiar el Orden de Vírgenes, ya existente y con numerosas vocaciones en otros países como Francia, Bélgica, Argentina, etc.  

Por otro lado, Nancy, ya se había entrevistado con Monseñor Cristián Caro, obispo auxiliar de Santiago, porque él había consagrado a una chilena. Sin embargo, ella estaba estudiando en Roma.

En tanto, el P. José Carraro, debió entender que tenía que acompañar y que si esto era de Dios vendrían otras vocaciones.  Mientras tanto él insistía a Nancy si aceptaba ser la coordinadora, pero ella en su desconcierto, preguntaba de qué, a lo que el Padre  respondía: “no se preocupe, ya sabrá, ya aparecerán otras”.

En ese contexto vino a Chile Bernardita Peña y se reunió con Nancy. En este encuentro Bernardita entregó tres archivadores con fotocopias en el que se explicaba en que consistía el Orden de Vírgenes. Nancy leyó los documentos con gran entusiasmo. Era lo que estaba buscando.

En el siguiente encuentro de Nancy con el Padre Carraro, él ya ha investigado y surge una primera conclusión: por la experiencia anterior, sugiere que de haber consagración de Vírgenes estas no debían ser individuales. Por lo tanto, Nancy debía esperar a que aparecieran otras vocaciones.  Y ella confiando se puso a esperar.

Comenzó a aparecer la luz, la secretaria de Monseñor Cristián Caro, Sra. Lupe, tenía algunos nombres de chicas que han preguntado por esta consagración. Nancy recuerda con mucha emoción ese momento y esas palabras.  Prontamente, en los siguientes días había el contacto con seis  nuevas vocaciones. Que se pusieron en proceso de formación para consagrarse.

Ligia, recuerda que en el jubileo del 2.000 se encontró con Bernardita Peña en Roma, pero ella ya había solicitado la dispensa esto le causó desconcierto. Las palabras de Monseñor Caro la hicieron perseverar con fe en los pasos iniciados y se sentía feliz. Había leído con anterioridad en Internet sobre el Orden de Vírgenes de Argentina y le atraía cada vez más. Dice Ligia, -“a mí me garantizaba que era algo antiguo, que existía y que está”, “pensaba que no era una locura y hay que hacerla hoy día nueva para vivirla”.

El Espíritu Santo también trajo a Anita, que leyendo una revista se encontró  con la noticia de la consagración de Bernardita Peña. Afirma Anita “que le quedó dando vueltas” la idea.  Le escribió a Monseñor Caro, mencionándole su interés y él le sugiere que se contacte con Bernardita Peña que partía a Roma. Pudo hacer un retiro con las vírgenes consagradas de Milán, fue bonito, sin embargo se fue afianzando su vocación varios años después. Se acercó al vicario de la vida consagrada Padre José Carraro y este la contacta con Nancy.

Conociendo Anita el proceso vocacional de Marcela, y viendo que coinciden en lo esencial la invita a los encuentros que estaban iniciando con Nancy y Ligia.

Como bien recuerda Monseñor Cristián Caro, él las puso en contacto con Bernardita Peña. Bernardita fue la levadura en la masa mientras era consagrada y aun cuando ya había solicitado la dispensa.

Padre José Carraro, se puso al servicio de esta inquietud, y sugirió la creación de los Estatutos del Ordo Virginum de Santiago.  El cual fue redactado por Ana María Álvarez, Ligia Spotorno, María Cecilia Mahaluf, Nancy  Velázquez, Marcela Solís de Ovando, Mónica Varas. Fue estudiado y  luego aprobado en el año 2002.

Alegres, convencidas iniciaron el proceso, se afiataron, se tuvieron confianza, se fueron teniendo cariño.  Se mantuvieron en oración, fueron fieles a los encuentros comunitarios. El saberse comprometidas y acompañadas por la Iglesia las fortaleció. Se mantuvieron con fe a la espera del día de su consagración y despojadas porque no dependía de ellas la fecha para lograrlo, sino la voluntad de Dios confirmada en la persona del arzobispo de Santiago.

Llegó el feliz día 3 de mayo del 2003, Monseñor Francisco Javier Errázuriz consagra en la Iglesia Catedral de Santiago a estas seis nuevas vírgenes. Quienes acompañadas de sus familiares y amigos celebraron estos desposorios con Jesucristo.

Pasan solo tres años y viene la próxima celebración el 2007, Monseñor Francisco Javier Errázuriz,  consagra a María Teresa Contador. Quién estuvo presente el la consagración del 2003 y se sintió atraída por esta forma de vida consagrada.

Y ese mismo año se incardina en Santiago Isabel  Margarita Sarah, proveniente de Rancagua.

Crece el Ordo y el  14 de julio del 2012, monseñor Cristián Contreras, obispo auxiliar de Santiago por petición del arzobispo Ricardo Ezzati, consagra para el Orden de Vírgenes a Rosario Corcoll, Emanuella Pedroso y  Orielée de Jesús López.

Hoy, 2015, pertenecen al Orden de Vírgenes de la arquidiócesis de Santiago 10 consagradas y otras 10 están en la formación inicial.


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