18 enero 2018

Iquique: Atentos a las injusticias, que van contra la alegría de la fiesta, dijo el Papa

Teniendo al mar y el desierto como vecinos inmediatos y en medio del potente sol nortino, Francisco presidió su última Eucaristía en Chile, en Playa Lobito, la "Misa por Nuestra Señora del Carmen, Madre y Reina de Chile", donde los bailes religiosos típicos y coloridas vestimentas fueron protagonistas en la espera de la llegada de Francisco, quien fue recibido con aclamaciones y aplausos por los miles de fieles que se congregaron en el lugar. Con gran solemnidad, los obispos, sacerdotes, diáconos y acólitos participaron en la procesión de entrada, que favoreció el ambiente y espíritu litúrgico adecuado para esta celebración. Luego, el Papa coronó la imagen de la Virgen, tras lo cual tuvo lugar la Liturgia de la Palabra.

Por: José Francisco Contreras

Fotos: Vaticano Photo

Iquique: Atentos a las injusticias, que van contra la alegría de la fiesta, dijo el Papa

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Luego de proclamarse los textos bíblicos y particularmente el canto del Evangelio de las Bodas de Caná, el Papa entregó su homilía a la asamblea, que comenzó destacando la primera aparición pública de Jesús."Nada más y nada menos que en una fiesta. No podría ser de otra forma, ya que el Evangelio es una constante invitación a la alegría". Y también, dijo, una fuente de gozo. Luego expresó: "¡Cómo saben ustedes de esto, queridos hermanos del norte chileno! ¡Cómo saben vivir la fe y la vida en clima de fiesta! Vengo como peregrino a celebrar con ustedes esta manera hermosa de vivir la fe".

Francisco continuó resaltando las manifestaciones de fe popular características del norte: "Sus fiestas patronales, sus bailes religiosos -que se prolongan hasta por una semana-, su música, sus vestidos hacen de esta zona un santuario de piedad popular. Porque no es una fiesta que queda encerrada dentro del templo, sino que logra vestir a todo el poblado de fiesta. Ustedes saben celebrar cantando y danzando "la paternidad, la providencia, la presencia amorosa y constante de Dios. Así llegan a engendrar actitudes interiores que raramente pueden observarse en el mismo grado en quienes no poseen esa religiosidad paciencia, sentido de la cruz en la vida cotidiana, desapego, aceptación de los demás, devociones", expresó, citando al Papa Paulo VI.

Agregó el Pontífice que cobran vida las palabras del profeta Isaías: "Entonces el desierto será un vergel y el vergel parecerá un bosque" (32,15). Francisco aplicó estas palabras del profeta a la zona norte de Chile: "Esta tierra, abrazada por el desierto más seco del mundo, logra vestirse de fiesta", citando esta vez palabras del padre Hurtado en una meditación de Semana Santa.

Dijo que el milagro en Caná comenzó al acercar los sirvientes los barriles con agua. "Así también cada uno de nosotros puede comenzar el milagro, es más, cada uno de nosotros está invitado a ser parte del milagro para otros".

Continuando con la homilía, el Papa expresó: "Hermanos, Iquique es tierra de sueños -eso significa el nombre en aymara-; tierra que ha sabido albergar a gente de distintos pueblos y culturas que han tenido que dejar a los suyos. Una marcha siempre basada en la esperanza por obtener una vida mejor, pero acompañada de mochilas cargadas con miedo e incertidumbre por lo que vendrá. Iquique es una zona de inmigrantes que nos recuerda la grandeza de hombres y mujeres, de familias en adversidad, no se dan por vencidas y se abren paso buscando vida. Ellos, especialmente, que dejan su tierra porque no encuentran lo mínimo necesario para vivir, son imagen de la Sagrada Familia, que tuvo que atravesar desiertos para poder seguir con vida".

El Papa invitó también a los presentes a seguir siendo una tierra de hospitalidad, pero una "hospitalidad festiva, porque sabemos bien que no hay alegría cristiana cuando se cierran puertas; no hay alegría cristiana cuando se les hace sentir a los demás que sobran o que entre nosotros no tienen lugar".


Atentos al clamor del pobre

Además, llamó a estar atentos en las plazas y poblados, y a que con María "reconocer a aquellos que tienen la vida "aguada"; que han perdido -o les han robado- las razones para celebrar, los tristes de corazón. Y no tengamos miedo de alzar nuestras voces para decir no tienen vino. El clamor del pueblo de Dios, el clamor del pobre, que tiene forma de oración y ensancha el corazón y nos enseña a estar atentos. Estemos atentos a todas las situaciones de injusticia y a las nuevas formas de explotación que exponen a tantos hermanos a perder la alegría de la fiesta. Estemos atentos frente a la precarización del trabajo que destruye vidas y hogares. Estemos atentos a los que se aprovechan de la irregularidad de muchos inmigrantes porque no conocen el idioma o no tienen los papeles en «regla». Estemos atentos a la falta de techo, tierra y trabajo de tantas familias. Y, como María, digamos con fe: No tienen vino".

Hacia el final de sus palabras, Francisco pidió dejar que Jesús termine el milagro, "transformando nuestras comunidades y nuestros corazones en signo vivo de su presencia, que es alegre y festiva, porque hemos experimentado que Dios-está-con-nosotros, porque hemos aprendido a hospedarlo en medio nuestro corazón. Alegría y fiesta contagiosa que nos lleva a no dejar a nadie fuera del anuncio de esta Buena Nueva. Y a transmitir todo lo que hay de nuestra cultura originaria, para enriquecerlo también con lo nuestro, con nuestras tradiciones, con nuestra sabiduría ancestral, para que el que viene encuentre sabiduría y dé sabiduría. Eso es fiesta. Eso es agua convertida en vino. Eso es milagro que hace Jesús".

Francisco terminó su mensaje invocando a la Virgen: "Que María, bajo las distintas advocaciones de esta bendecida tierra del norte, siga susurrando al oído de su Hijo Jesús: "no tienen vino", y en nosotros sigan haciéndose carne sus palabras: "Hagan todo lo que Él les diga".

La Oración Universal estuvo a cargo de fieles de Antofagasta, Calama, Iquique, Tocopilla, el Santuario de La Tirana y un migrante. En tanto que las ofrendas fueron llevadas hasta el altar por un minero, un pesador, un andino, un cuasimodista y un migrante.


Saludos finales y despedida

Al término de la misa intervino el Obispo de Iquique, monseñor Guillermo Vera, quien agradeció al Papa la oportunidad de disfrutar de su presencia a fieles de Iquique, de las diócesis chilenas vecinas y de otras diócesis de Perú, Argentina y Bolivia. Monseñor Vera describió las características físicas, climáticas y humanas de esta zona, cuya tierra, dijo "funde a la gente que nació acá con tantos que han ido llegando desde distintos lugares, algunos desde muy lejos. Esto nos ha ido enriqueciendo y haciendo madurar como comunidad". También mencionó las diversas fiestas religiosas en el desierto, el que "se convierte en territorio sagrado, territorio de conversión".

Finalmente, el Obispo de Iquique pidió al Papa que bendiga a Chile y rece por nosotros, "para que de verdad seamos esa nación de hermanos, donde cada uno tenga el pan, el respeto, la alegría de vivir". Posteriormente, el pastor le regalo un báculo al Papa hecho de piedras extraídas de las minas. Además, le entregó una cruz hecha de cristales de sal, en cuyo centro está el mapa de Chile, para que "Cristo reine en medio nuestro".

La última intervención estuvo reservada al Papa Francisco, quien se despidió de Chile para seguir su viaje a Perú. El Santo Padre agradeció las palabras de monseñor Vera y agradeció "a la señora Presidenta Michelle Bachellet su invitación a visitar el país". También dio gracias, "de manera especial, a todos los que han hecho posible esta visita; a las autoridades civiles y, en ellos, a cada funcionario que con profesionalidad ayudaron a que todos pudiéramos disfrutar de este tiempo de encuentro". Además, "por el trabajo abnegado y silencioso de más de 20 mil voluntarios; sin su empeño y colaboración hubiesen faltado las tinajas con agua para que el Señor hiciera posible el milagro del vino de la alegría. Gracias, a los que de muchas formas y maneras acompañaron este peregrinar especialmente con la oración. Sé del sacrificio que han tenido que realizar para participar en nuestras celebraciones y encuentros. Lo valoro y lo agradezco de corazón. Gracias a los miembros de la comisión organizadora. Todos han trabajado, muchas gracias".

Finalmente, Francisco improvisó palabras de gratitud por "la presencia de tantos peregrinos de los pueblos hermanos de Bolivia, Perú, y no se pongan celosos, especialmente de los argentinos, que son mi patria. Gracias a mis hermanos argentinos que me acompañaron en Santiago, en Temuco y acá en Iquique. Muchas gracias".
Al llegar a Iquique, el Papa, respondiendo preguntas de la prensa relativas al Obispo de Osorno, monseñor Juan Barros, expresó: "El día que me traigan una prueba contra el obispo Barros, ahí voy a hablar. No hay una sola prueba en contra, todo es calumnia".

Fuente: Comunicaciones Santiago

http://www.iglesiadesantiago.cl
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