1 septiembre 2017

Maipú siembra en tierra buena

Vecinos de Maipú recuperaron un basural y lo convirtieron en un huerto abierto para la comunidad. En esta iniciativa participan agentes pastorales de la Capilla Cristo Vive, que pone a disposición el primer Ecobarrio de Santiago.

Por: Lorena Martino Fuentealba

Fotos: Nibaldo Pérez

Maipú siembra en tierra buena

En el pasaje Santa Gemita de la población Cuatro Álamos, en la comuna de Maipú, crecen árboles,
arbustos nativos y también hortalizas. Aquí nada "desaparece", sólo se extraen alimentos cuando alguien realmente lo necesita.

Pero este pulmón urbano no solo adorna el entorno, además es materia de visitas de alumnos de enseñanza media, organizaciones ecologísticas e incluso los ha llevado a ser parte de la ONG Noruega "Change the world".

La comunidad de vecinos del sector mantienen en el Jardín Botánico Arboretum 150 árboles de 35 especies nativas, desde Copiapó a Concepción; huertos urbanos y talleres para el cultivo de hortalizas, entre otras actividades.

Luis Márquez es el coordinador del Centro de Difusión Social Ecobarrio y explica que: "Es una propuesta distinta de cómo vivir en ciudad. Se trata de cuidar el medio ambiente, mejorar la calidad de vida y aportar a un nuevo tipo de economía".

"Tenemos en un lugar cerrado y otro en plena calle y lo que está ahí lo saca la gente que lo necesita. Se ha dado que no arrancan la mata completa. Lo mismo pasa con los árboles frutales. Ahora ya están tomando más conciencia con el reciclaje, estamos en un proceso que estamos transformando incluso el aceite de frituras; lo que hacemos es acopiarlo, para que empresas lo reciclen".

Pero el proceso para transformar a la Villa 4 Álamos de Maipú en el primer Ecobarrio de Chile comenzó casi diez años.

En 2004 la Municipalidad de Maipú determinó construir un colegio en el terreno que poseía una plantación de árboles. Pese a la resistencia de algunos vecinos, el 13 de enero se edificó, en el pulmón de la zona, el establecimiento educacional y 120 árboles fueron talados, sólo uno fue rescatado, un ceibo, al cual algunos adultos mayores, literalmente, se amarraron.

A partir de este acto se creó el Club de Adultos mayores los Zorzales y se recuperó la Junta de Vecinos de la villa.

Ana Luisa Valdés lo vivió. Tiene 75 años y lleva 46 años en el sector y estuvo presente en 2004, peleó por el pulmón del sector, se abrazó a un árbol y alojaba en el terreno, defendiendo el medioambiente. Hoy llega hasta el huerto, incluso con bastón.

"Con amigos de la población hacíamos rondas en la noche, nos amanecíamos en el sector, pero nos ganaron y nos cortaron los árboles. Para nosotros fue algo muy triste, sobre todo para mí porque amo mucho la naturaleza, que la arranquen una rama para mí es como que me están haciendo algo en el corazón", señaló.

Pero no se quedó de brazos cruzados. "Pensamos con otros vecinos qué podíamos hacer para tirar la población para arriba, entonces formamos la junta de vecinos. No había nada y se trabajó con mucho esfuerzo de tener dónde juntarnos y ser vecinos de verdad, porque alguna vez veíamos pasar a la gente, pero no la conocíamos y esto nos ha ayudado a conocernos, a pasarlo mejor",
recuerda. "Esto para mí es volver a vivir, es como estar en mi casa, porque esto se convirtió en puro cemento, pero ahora no. Vengo de vez en cuando a trabajar la tierra, a los cursos y a descansar. Es una nueva vida, converso con los árboles, los abrazo, les hablo, les digo que los quiero y agradezco todo lo que nos dan. Esto me llena, me olvido de los dolores y de que estoy enferma".

Ricardo Acuña, es otro de los vecinos que ha sido parte de esta transformación, desde 2004 es el presidente de la junta de vecinos de la población Cuatro Álamos, él cuenta que no sólo llegan vecinos de la población, de otras comunas e incluso otros países también han llegado a conocer esta innovadora realidad: "Es un orgullo para nosotros ser el primer ecobarrio del país, lo hablo con pasión, llevo 43 años en la villa y nadie puede desconocer los cambios que han habido, cómo nos ha cambiado la calidad de vida, cómo algunos vecinos pueden llevarse acelga, papas, ajo, ciboulette, yerbas medicinales, entre otras cosas, y usarlas. La idea de aquí es compartir, no es con un uso comercial".

En septiembre de 2006, se concluyó la elaboración del proyecto Ecobarrio, ese mismo mes el municipio de Maipú dio a conocer el programa de presupuesto participativo, concursaron y ganaron el presupuesto.

Pero los vecinos no están solos en esto y eso Ricardo lo agradece: "La Iglesia y la Vicaría Zona Oeste han estado presentes, nosotros, de hecho bautizamos el Arboretum como Padre Roberto Romero por ser un maipucino querido acá por su solidaridad. Queremos trabajar en conjunto, donde todas las comunidades católicas puedan replicar esta iniciativa, en las capillas o iglesias".

Algo que refuerza monseñor Galo Fernández, obispo auxiliar de Santiago. Para él generar comunidad es lo más importante para la iglesia del sector. "Es sorprendente y maravillosa esta historia de vecinos. Uno esperaría que se replicara en muchas otras parroquias. Es una iniciativa de vecinos luchando por una situación que les pareció una pérdida, pero que eso lo han transformado en una historia positiva e inspirada en valores humanos y evangélicos. Yo creo que ellos han encontrado un apoyo sólido en la doctrina del Papa Francisco, en Laudato Si', sobre una ecología de carácter integral y humanizadora, que quiere invitarnos a una convivencia más adecuada".

Dar frutos abundantes

Eliana Ávalos participa activamente en la huerta ecológica, para ella es un sueño el poder arar la tierra con sus manos y extender los frutos a quienes lo necesitan: "Es maravilloso meter la mano a la tierra, ensuciarse así. Hoy coseché papas y es maravilloso, porque además ves cómo van saliendo tus cosas, todo lo que sembraste en algún minuto. Ojalá viniera más gente porque esto es abierto a toda la comuna. Tenemos buenos monitores y aprendemos mucho. Es un lugar especial donde existe el compañerismo".

Se trata de un proyecto que tiene una plaza activa, máquinas para hacer ejercicios y un punto verde donde se recolecta material para reciclaje: latas, plásticos, papel y vidrio.

Pero también hay más desafíos, los próximos proyectos contemplan la instalación de ocho biorreactores de compostaje para 200 toneladas de residuos orgánicos que se generan al año, lo que significaría un ahorro al municipio de $4,6 millones al año por concepto de retiro y disposición final de la basura y la generación de cerca de 40 toneladas de humus, abono para la tierra.

Conciencia en línea con la propuesta del Papa Francisco en su Encíclica Laudato Si' sobre el cuidado de la "casa común", quien en el segundo capítulo recalca el destino común de los
bienes: "El medioambiente es un bien colectivo, patrimonio de toda la humanidad y responsabilidad de todos. Quien se apropia algo es sólo para administrarlo en bien de todos. Si no lo hacemos, cargamos sobre la conciencia el peso de negar la existencia de los otros".

Agrega además, en el capítulo V "Algunas líneas de orientación y acción", señalando: "Mientras el orden mundial existente se muestra impotente para asumir responsabilidades, la instancia local puede hacer una diferencia. Pues allí se puede generar una mayor responsabilidad, un fuerte sentido comunitario, una especial capacidad de cuidado y una creatividad más generosa, un entrañable amor a la propia tierra, así como se piensa en lo que se deja a los hijos y a los nietos".

Y no sólo eso...

Se trata de un proceso integral, que abarca, entre otras áreas: la alimentación, con huertas urbanas comunitarias y la plaza de árboles frutales; salud, con jardines de hierbas medicinales y mejoramiento del entorno; educación y cultura, con el jardín botánico. Además, varios de estos espacios públicos son iluminados por con paneles fotovoltaicos de energía solar en la plaza de árboles frutales y en el Arboretum.

La mantención en la vía pública la realiza el municipio, a través de empresas contratistas, que mantienen las áreas verdes. Dentro de la sede, es trabajo de la realiza la junta de vecinos. Parte importante de las nuevas etapas y mantenciones, se realizan por autogestión, con el aporte se vecinos y amigos, además del voluntariado.

Este último sorprende con la plantación de árboles nativos con nombre de personas fallecidas. "Los árboles nativos de esta zona, requieren menos agua, son de hoja perenne y atraen a las aves nativas y se transforman en la prolongación de la vida del ser querido. Para su bendición se plantaron tres maqui, a nombre del padre Romero, del padre André Mutlet y del ex vicario de la solidaridad Ignacio Gutiérrez", recalcó Luis Márquez, coordinador del Centro de Difusión Social Ecobarrio.

Un proceso, que los vecinos esperan se replique en todas las parroquias del país, donde se pueda caminar en contacto con la naturaleza, comiendo frutos sembrados en comunidad, aportando a la "casa común" con un granito de mostaza.

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