Osvaldo Caro, profesor

Osvaldo Caro, profesor

Estudié en un colegio laico y creo que de haber tenido más formación católica habría sido cura. Siempre estuve en un proceso de búsqueda. Anduve por malos caminos, mucha parranda, y creo que era Dios el que me cuidaba y me guiaba para no caer en cosas peores, como las drogas, por ejemplo. Soy profesor y trabajé haciendo clases en una escuela de Pudahuel. Jamás fui a la sala de profesores, prefería conversar con los niños durante el recreo y así conocía sus dramas. Yo estaba ahí para los alumnos, ellos eran lo realmente importante. Hace 12 años que no ejerzo como profesor, pero es haciendo clases como más pleno me he sentido. Estoy donde estoy gracias a Dios, por eso no me puedo negar a ningún servicio que me pidan dentro de la Iglesia. Yo creo que evangelizar debe ser una tarea de los laicos.

Por Yeisi Oviedo, Parroquia María Auxiliadora

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Mauricio Muñoz, garzón

Mauricio Muñoz, garzón

"Cuando nací, mi madre se enfermó de tifus. Me apartaron de ella en el hospital y una tía se ofreció a llevarme a su hogar para cuidarme. A los tres meses de vida mis padres volvieron a buscarme, pero me enfermé. Me regresaron a mis padres adoptivos. Me enteré que no era hijo de ellos cuando ya asistía al colegio y escuchaba que mis hermanos tenían otro apellido. Yo le preguntaba a mi padre qué pasaba y él me respondía que la profesora se había equivocado. No quería herirme. Nunca sentí diferencias en el trato, me acogieron como un miembro más de la familia. A mis padres genéticos los he vuelto a ver, pero nunca me han tratado como su hijo. Siempre me he preguntado por qué a mí, si fui su primer hijo. Soy homosexual y soy hijo de Dios. Sé que Dios está conmigo me ama tal como soy. Mi vida no ha sido fácil desde que nací, pero Dios ha estado ahí, siempre conmigo".

Diana García, encargada de liturgia

Diana García, encargada de liturgia

Soy mexicana, hace 10 años me vine a Chile por amor. Yo era budista desde adolecente, pero cuando mi hija quiso hacer la primera comunión me obligó a acercarme a la religión católica. Cuando me enteré que la catequesis duraba dos años pensé que era una locura, pero por ella accedí. Ahí comencé mi conversión y llegué a la conclusión que ambas espiritualidades tienen muchas cosas en común: el budismo tiene como base la compasión y el cristianismo la misericordia, un amor profundo y desinteresado por el otro, y eso me conmovía.


Ahora comprendo que el Señor tiene distintos instrumentos algunos humanos para que uno se acerque a él y ese era mi momento espiritual.

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