Miguel Ángel Valdivia. Fundación Cristo de la Noche

Miguel Ángel Valdivia, Fundación Cristo de la Noche

"Estuve 23 años metido en la droga y el alcohol. Tengo varias cicatrices de balas en mi cuerpo que me recuerdan la vida que llevé. Soy hijo de padre alcohólico que nos daba todo pero yo tenía mi corazón vacío porque no tenía amor. Yo era violento, me metía en peleas, era el diablo en persona. Un día me invitaron a un retiro de conversión y todo cambió. Cuando terminó sentí miedo y el padre me dijo que era porque se me presentó el Espíritu Santo. Era todo un misterio para mí y ahí prometí dejar los vicios. En el 2001 partí con un termo y seis panes y me fui a La Vega. Ahora voy a los puentes y lugares difíciles de Renca y llevo 160 panes. Hoy lidero la Fundación Cristo de la Noche en Renca, institución que de manera gratuita, da cobijo y alimento a decenas de personas en situación de calle, personas que al igual que yo, acabaron con sus vidas por las drogas y el alcohol. Sé que aún tengo mucho que hacer y mi trabajo en la fundación no lo cambiaría ni por un puñado de oro. Me ofrecieron una pega por 800 lucas y les dije que no. Aquí es donde tengo que estar".

Por Enrique Astudillo

Más Historias

Luis de la Fuente, analista contable

Luis de la Fuente, analista contable

Con mi pareja llevamos cinco años juntos y tenemos un hijo de 2 años. Ser padre ha sido de dulce y agraz. A los tres meses de gestación presentó un problema genérico, lo que significaba que podía nacer con los órganos afuera u otras dificultades. Era un embarazo de alto riesgo. Nos dijeron que nos preparáramos porque nuestro hijo podía nacer y morir de inmediato, así que fue muy difícil. Ignacio nació con una dificultad al corazón pero no ha presentado problemas hasta el día de hoy. Con todo lo que he vivido, siento que Dios se me ha presentado. Mi hijo es mi alegría, mi centro, me recuerda el por qué hago las cosas. Es el motor de nuestras vidas. Más adelante nos gustaría tener más hijos, pero todo a su tiempo. Las dificultades están presentes en la vida de cualquier persona, no soy el único a quien le toca enfrentar problemas. Creo lo importante es cómo queremos ver los problemas. De todo podemos sacar una enseñanza, todo ocurre por algo y el camino recorrido me ha llevado a tener la familia que tengo

Ana Bustos, Asesora Pastoral Juvenil

Ana Bustos, Asesora Pastoral Juvenil

Con Honorio, mi esposo, hemos tenido un gran compromiso social y hemos sido bien activos pastoralmente hablando. En la parroquia hemos tratado de aportar con el compromiso social y la fe. Desde siempre hemos trabajado con jóvenes, primero en la Juventud Obrera Cristiana y luego en distintas comunidades. Como suele pasar en las parroquias, a los jóvenes a veces se les van cerrando las puertas, pero como matrimonio nos hemos esforzado en intercalar el diálogo entre una fe profunda de los adultos y la energía renovadora de los jóvenes. Hace algunos años tuve un cáncer bastante complicado, de esos que no ves que vayan a tener buen término. El tener fe en Dios, el tener un gran esposo y familia, y además tener una comunidad eclesial que te quiere y acompaña, hizo que esa dura enfermedad no me ganara. Es lindo saber que la entrega que como matrimonio hemos tenido hacia la comunidad, haya sido retribuida cuando yo lo necesité. La comunidad no nos dejó solos.

 

Carlos Mora, laico de la Espiritualidad de la Preciosa Sangre

Carlos Mora, laico de la Espiritualidad de la Preciosa Sangre

"Dadas mis dificultades de aprendizaje llegué hasta octavo básico. Tengo 62 años y desde pequeño he rezado el Santo Rosario, incluso escuchándolo a través de la radio. Llevo más de diez años rezando en la Parroquia de la Preciosa Sangre, de Cerro Navia. No importa el clima, si es calor o lluvia intensa, yo siempre estoy ahí, a los pies de la Virgen entregando mi vida, mi adoración y rezando por todos los enfermos y las personas que necesitan mi oración. Como anécdota me ocurrió que un joven que participaba en la parroquia un día llegó y me agradeció por los rezos: "Gracias a usted me sané de la leucemia", me dijo. Cada vez que viene a visitarme me abraza y entrega su cariño. Toda mi vida he estado ligado a la Iglesia, es el lugar donde encuentro paz, me escuchan y me acogen como un miembro más de la familia. Dios es mi guía y mi amigo que siempre está a mi lado".

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