Carlos Saini, médico

Carlos Saini, médico

Un día del año 1974, caminando cerca de la Catedral de Santiago, me encontré con el cardenal Raúl Silva Henríquez, a quien conocía desde mi tiempo de colegio. Le conté que seguía fiel a mi vocación como cristiano. Me preguntó si me gustaría estudiar diaconado y accedí. Me preparé bien durante tres años, terminando exitosamente los estudios, pero no pude ordenarme.

A pesar del gran dolor que sentí, he seguido firme por el camino de Jesús. Soy médico radiólogo y la mayoría de los pacientes que atendía eran adultos mayores. Al verlos tan frágiles, sentía dentro de mí la necesidad de ayudarlos y me acordaba de lo que me habían enseñado de Jesús.

Mensualmente visito casas de reposo de ancianos y enfermos en la comuna de San Miguel, llevando la palabra del Señor y la Eucaristía, desde hace ya más de 25 años. Tengo 92 años, y lo que me impulsa a seguir en esta misión es una fe sólida. Todos nos necesitamos y todos tenemos algo que dar y recibir. Cuánto yo he aprendido de un anciano pobre en mis visitas a las casas de reposo. Muchos no tienen nada pero lo tienen todo con Cristo, son felices y contagian felicidad.

Por Mario Rojas, P. Santo Cura de Ars

Más Historias

Luis de la Fuente, analista contable

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Con mi pareja llevamos cinco años juntos y tenemos un hijo de 2 años. Ser padre ha sido de dulce y agraz. A los tres meses de gestación presentó un problema genérico, lo que significaba que podía nacer con los órganos afuera u otras dificultades. Era un embarazo de alto riesgo. Nos dijeron que nos preparáramos porque nuestro hijo podía nacer y morir de inmediato, así que fue muy difícil. Ignacio nació con una dificultad al corazón pero no ha presentado problemas hasta el día de hoy. Con todo lo que he vivido, siento que Dios se me ha presentado. Mi hijo es mi alegría, mi centro, me recuerda el por qué hago las cosas. Es el motor de nuestras vidas. Más adelante nos gustaría tener más hijos, pero todo a su tiempo. Las dificultades están presentes en la vida de cualquier persona, no soy el único a quien le toca enfrentar problemas. Creo lo importante es cómo queremos ver los problemas. De todo podemos sacar una enseñanza, todo ocurre por algo y el camino recorrido me ha llevado a tener la familia que tengo

Ana Bustos, Asesora Pastoral Juvenil

Ana Bustos, Asesora Pastoral Juvenil

Con Honorio, mi esposo, hemos tenido un gran compromiso social y hemos sido bien activos pastoralmente hablando. En la parroquia hemos tratado de aportar con el compromiso social y la fe. Desde siempre hemos trabajado con jóvenes, primero en la Juventud Obrera Cristiana y luego en distintas comunidades. Como suele pasar en las parroquias, a los jóvenes a veces se les van cerrando las puertas, pero como matrimonio nos hemos esforzado en intercalar el diálogo entre una fe profunda de los adultos y la energía renovadora de los jóvenes. Hace algunos años tuve un cáncer bastante complicado, de esos que no ves que vayan a tener buen término. El tener fe en Dios, el tener un gran esposo y familia, y además tener una comunidad eclesial que te quiere y acompaña, hizo que esa dura enfermedad no me ganara. Es lindo saber que la entrega que como matrimonio hemos tenido hacia la comunidad, haya sido retribuida cuando yo lo necesité. La comunidad no nos dejó solos.

 

Carlos Mora, laico de la Espiritualidad de la Preciosa Sangre

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"Dadas mis dificultades de aprendizaje llegué hasta octavo básico. Tengo 62 años y desde pequeño he rezado el Santo Rosario, incluso escuchándolo a través de la radio. Llevo más de diez años rezando en la Parroquia de la Preciosa Sangre, de Cerro Navia. No importa el clima, si es calor o lluvia intensa, yo siempre estoy ahí, a los pies de la Virgen entregando mi vida, mi adoración y rezando por todos los enfermos y las personas que necesitan mi oración. Como anécdota me ocurrió que un joven que participaba en la parroquia un día llegó y me agradeció por los rezos: "Gracias a usted me sané de la leucemia", me dijo. Cada vez que viene a visitarme me abraza y entrega su cariño. Toda mi vida he estado ligado a la Iglesia, es el lugar donde encuentro paz, me escuchan y me acogen como un miembro más de la familia. Dios es mi guía y mi amigo que siempre está a mi lado".

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